"D. José Hevia Suárez (Pepe Hevia), fundó Hevia en
1964. Su figura es definitiva en el carácter y desarrollo de Hevia. Su
aportación
supuso un auténtico adelanto en la oferta gastronómica del Madrid
de los 60, Hevia adquiere fama. Es en esta primera etapa donde
se asientan las bases, las formas y una particular manera de entender la
hostelería. Bajo la dirección de Elena Hevia e Ismael Martín,
yerno de Pepe Hevia, comienza una segunda etapa con un modelo de gestión
innovador, donde se desarrollan las claves que modernizan dichas bases. Actualmente
la tercera generación ya está involucrada, recogiendo el testigo
con la pasión e ilusión por mantener un concepto y agradeciendo
el mayor premio que podían recibir, una clientela adepta y el prestigio
adquirido. Esto ha sido y es posible gracias al excelente equipo de profesionales
que ha otorgado el carácter humano que nos diferencia."
( Información extraída de su página
web )
Según nos cuenta su nieto Ismael, José Hevia solía decir:
"El solomillo lo venden los carniceros, nosotros vendemos otra cosa".
Fundado en:
1964
Maître:
Sebastián Rodríguez
Chef:
Socorro Bermejo
Precio medio estimado por persona
en la fecha de la cena es de 45 €.
COMENTARIOS:
Nombre: Hevia.
Es el apellido del fundador.
Carta
en la web: Si, sin precios y sin fotos.
Carta de
vinos en la web: No.
Las cañas: Las tomamos en la mesa de la
terraza. Fueron tres cañas con alcohol y dos cervezas sin.
Para picar pusieron un recipiente con tres compartimentos, el
primero con cuadraditos
de
queso de
dos tipos y el segundo aceitunas. Sólo pusieron aperitivo
con la primera caña, aunque se fueron pidiendo otras
a medida que íbamos
llegando, tuvimos que pedirlo.
Las cañas las cobraron
a 2,90 € la unidad y las cervezas sin alcohol a 3,00 € cada
una.
Local: Cenamos en la terraza, en la calle. Se
encuentra en la zona norte de la calle Serrano, entre el
museo Lázaro Galdiano y la embajada
de E.E.U.U. Debido a la remodelación de la vía dispone de
una amplia acera, la terraza es suficientemente ancha para acoger
dos filas
de mesas sin mermar el espacio de tránsito de viandantes.
Está adecuadamente
equipada mediante modernas sombrillas que incorporan lámparas y proporcionan
una iluminación difusa y adecuada. La parte que da a la calzada
se cubre con telas aislándola levemente del ruido y de la polución.
Las mesas
son rectangulares agrupadas según necesidad. La separación
entre ellas es inadecuada afectando a la intimidad. Los manteles
y servilletas
blancos con el logotipo del restaurante bordado. Los bajo manteles
estampados de diversos modelos todos en colores apagados. Las sillas
metálicas con respaldos imitando rejillas mimbre y reposa
brazos de madera. La cubertería clásica, de los que
pesan. La bajilla, de losa blanca, es mixta, una parte tradicional
con el
nombre del local
inscrito en rojo y otra moderna con platos cuadrados o fuentes rectangulares.
Ponen copas para vino y para agua.
Comensales: Cinco. Raúl,
Antonio de la Poza, Carlos, Justo y Antonio Ávila.
Pan: Son piezas individuales, de dos tipos, gallego o candeal,
que puedes elegir. Te lo reponen a medida que lo necesitas, si "pillas" al
camarero. Lo cobran a 2,00 € por
persona.
Aperitivo: No
ponen.
Entrantes:
Calamar de Poterra: Se presentan en un plato
cuadrado. Vienen rebozados y cortados en aros. En una esquina se
sitúa una rodaja de limón cubierta de salsa tártara
y sobre ella un tomatito cherry y unas tiras de cebollino a modo decorativo.
El mismo
tipo de decoración se verá posteriormente en otros platos.
El rebozado, suave y crujiente, se desprende del calmar.
Estaban buenos. La salsa
también. Un punto salados. El plato lo cobran a 21,00 €.
Foie fresco de pato con salsa de uvas al Pedro Ximenez: Se
presentan en una fuente rectangular. Son tres porciones cubiertas
de salsa. Se acompaña de rebanadas de pan tostado. No a todos gustó
el foie, independientemente de que al tomarlo, debido a que los entrantes
los trajeron todos
juntos,
ya
no estaba caliente. Se pidió una
ración a 22,00 €.
Hongos Boletus Edulis a la plancha previamente guisados: Lo
tren en un plato llano. Vienen cortados en trocitos y acompañados
en una esquina por salsa de ali-oli. También aquí las
opiniones son contradictorias, mientras que a unos les gustó la
textura blanda de la seta guisada a la plancha, a otros las pareció un
plato sin pena ni gloria. Se pidió una
ración a 24,00 €.
Segundos:
Atún rojo con verduras braseadas, salsa de albahaca
y reducción de soja: Lo
sirven en un plato llano cuadrado. El atún, cuatro porciones,
se coloca en la mitad inferior, apreciándose el contraste entre el
interior
rojo, menos hecho, y el borde claro más pasado. El exterior
lleva adosada una capa de ajonjolí. Las verduras se sitúan
en la parte superior del plato y están separadas por dos rayas
de salsa una de reducción de soja y la otra de albahaca. Están
compuestas por tres patatitas guisadas bañadas en soja, una
cabeza de esparrago verde, cinco trocitos de judía verde y cuatro
rodajitas de zanahoria
perfectamente ordenadas. Buena presentación. El atún
exquisito al igual que la salsa de albahaca. Las patatas con salsa
también buenas.
Las verduras normales. Lástima que el plato llegara templado.
Se pidió uno
a 25,00 €.
Cocochas de merluza ligeramente rebozadas: Lo sirven
en un plato llano cuadrado decorado con un limón al igual que los calamares
de Poterra. Son media docena de cocochas que se extienden por el plato.
Buenas. Se pidió media ración a 19,25 €.
Lomitos de bocartes acompañados de ensalada de lechuga
y cebolleta: Lo
sirven en dos platos. El primero, llano y cuadrado contiene los lomos
de nueve boquerones repartidos en dos filas ordenadas. En el centro
un tomatito cherry y cebollino. En el otro llano y redondo, la ensalada.
Los boquerones estaban buenos y gustaron mucho. La ensalada aporta
frescor. El
plato sale a 19,50 €.
Combinado de chipirones y sepia a la plancha: Se
presenta en plato llano redondo y como en anteriores ocasiones acompañado
del limón con salsa tártara.
Estaban muy buenos. Se pidió un
plato a 20,00 €.
Callos a la madrileña: Lo sirven en una fuente
honda. Aunque gustaron mucho no alcanzó las expectativas del
comensal que los solicitó que los prefiere algo más picantes.
Se pidió un
plato a 20,00 €.
Postres:
Sorbete de limón al cava: Lo
sirven en copa grande.
Se pidió uno
a
7,50 €.
Tarta de bizcocho de manzana con nueces, helado artesano de vainilla,
crema y sirope de chocolate (Postre de la casa): Lo
traen en plato llano. En el centro una porción de un doceavo de tarta y
a un lado una bola grande de helado. Por encima la crema, unos chorreones
de sirope de chocolate y chocolate en polvo. La tarta estaba buena y
aunque esponjosa, la crema y el helado ayudan a digerirla. Se pidieron
dos postres a 8,50 € cada
uno.
Zumo de naranja natural: Se
presenta en copa grande.
Se pidió uno a 4,60 €.
Piononos: Son unos dulce de bizcocho borracho originarios
del pueblo granadino se Santa Fé. Se piden por piezas.
Están buenos.
Se pidió un plato con dos a 6,00 €, 3,00 € la unidad.
Cafés
e infusiones: Se
tomaron dos descafeinados de máquina cortados, un café cortado,
un poleo y una infusión de té. Los cafés a 2,90 € cada
uno y las infusiones a 2,75 € la unidad.
Vinos:
Cepa 21: Vino
tinto crianza 2007, con denominación de origen Ribera del Duero.
Bodegas Cepa 21, (www.cepa21.com/es).
Uva Tinto fino 100%. Catorce meses en barrica de roble francés y americano.
Bueno. Tomamos dos botellas a 26,00 € cada una. El precio aproximado
en la calle es
de 20,50 €. Se multiplica 1,26
veces.
Copas: Pedimos
dos de licor de manzana, una con y otra sin, un chupito de orujo, un
combinado con Beefeater y otro de Bacardí. Nos invitaron.
Porcentajes: Del
total de la factura, un 4,9% corresponde a cañas. Sin tener en
cuenta estas, el 74,9% del precio de la cena corresponde
a comida y el 25,1% a bebida.
Servicio: Amable, correcto, algo inexperto. Hubo discontinuidad
entre primeros y segundos y entre estos y los postres. No apuntaron lo
que pidió
cada
comensal, o si lo hicieron, no lo miraron al traer la comanda, por lo
que tuvieron que volver a preguntarlo. Sirvieron todos los primeros a la
vez y alguno se quedó frio. Uno de los segundos llegó templado.
Algún
plato salado. Bien uniformados.
Comentario
final: Restaurante tradicional con un comedor pequeño
que se multiplica en verano con la terraza. A pesar de sus veinte
empleados,
la cocina parece que se queda pequeña produciéndose retrasos
entre platos. Comida sencilla, de calidad y bien elaborada. Terraza
adaptada a los tiempos, con buena iluminación y aislada. Cena muy
veraniega, salvo los callos. Servicio amable e inexperto. Uno de
los camareros,
Ismael, el nieto del fundador, se interesó
por nuestras
impresiones. Precios altos para los tiempos que vivimos.
Quizás puedan mantenerlos debido a la clientela asidua
de la zona que se los puede permitir. Se incluye
el I.V.A. en los precios
de
la carta,
como debe hacerse. Invitaron a chupitos.
Notas: Las
puntuaciones y comentarios que se expresan en esta web son referentes
a las cenas y
a las circunstancias concretas que concurren en cada una de ellas.
No se juzga ni puntúa al restaurante.